LA LITERATURA HISPANOAMERICANA DEL SIGLO XX (4º ESO)

LA POESÍA
Varias tendencias suelen distinguirse en la poesía hispanoamericana durante el primer tercio del siglo XX. En unos casos –el Modernismo, el Vanguardismo y la poesía pura– coinciden con las que se desarrollan en Europa; en otros –el posmodernismo y la poesía de la negritud, entre otras– son aportaciones originales y autóctonas.
EL MODERNISMO
Es en Hispanoamérica donde primero cuaja el movimiento y desde donde se traslada con posterioridad a España. Sus influencias básicas proceden de dos escuelas poéticas francesas del siglo XIX.
El Modernismo tiene como principal iniciador al cubano José Martí: Amistad funesta (1885), Versos sencillos (1891). No obstante, alcanza su plenitud con Rubén Darío.
EL VANGUARDISMO
Aunque no en toda su obra, dentro del Vanguardismo de la década de 1920 se encuentran los grandes nombres de la poesía en Hispanoamérica. Nos referimos a Vicente Huidobro, César Vallejo, Jorge Luis Borges, Pablo Neruda y Octavio Paz.
César Vallejo (1892-1938), nacido en Perú, compagina la poesía humanizada y comprometida con las formas más arriesgadas de los vanguardismos, que lo llevan a una exploración constante del lenguaje poético. Su escritura barroca y elíptica, que rompe y desordena la sintaxis tradicional, es una metáfora del caos del mundo.
Obras: Los heraldos negros (1918), Trilce (1922),
Pablo Neruda (1904-1973), chileno y premio Nobel en 1971, es autor de una extensa obra difícilmente clasificable. Dentro de sus variados registros, siempre se caracteriza por ser un poeta romántico y elegíaco.
Obra: Comienza con Crepusculario (1923), de tonos intimistas posmodernistas, que se continúa en Veinte poemas de amor y una canción desesperada (1924) Canto general (1950), Los versos del capitán (1952).
Octavio Paz (1914-1998), nacido en México, excelente ensayista y premio Nobel en 1990.
Obra: ¿Águila o sol? (1951) y La estación violenta (1958), Reunidos bajo el título de Libertad bajo palabra (1960). Salamandra (1962); Ladera Este (1969).
LA POESÍA PURA
De menor entidad, los poetas hispanoamericanos también siguen, en algunos casos, la línea iniciada por Valéry y Juan Ramón Jiménez. Entre ellos conviene destacar al mexicano José Gorostiza (1901-1973), con Muerte sin fin (1939), y al colombiano Eduardo Carranza (1913-1985)
POESÍA DE LA NEGRITUD
Al igual que surge una novela indigenista, a partir de los años veinte algunos poetas se basan en el folclore de las Antillas, en las tradiciones y los mitos negros, y adaptan los ritmos africanos al castellano. El iniciador es el puertorriqueño Luis Palés Matos (1898-1959), pero los mejores resultados los aportan los cubanos Emilio Ballagas (19081954) y, sobre todo, Nicolás Guillén (1902-1989).
ÚLTIMOS POETAS
Desde 1950, las tendencias siguen siendo variadas:
Bajo el magisterio de Neruda, la poesía comprometida continúa en el uruguayo Mario Benedetti (1920), con Poemas de la oficina (1956) o La casa y el ladrillo (1977).
Cultivan el experimentalismo los chilenos Nicanor Parra (1914), con Poemas y antipoemas (1954), y Enrique Lihn (1929-1988).
El realismo aparece en el peruano Antonio Cisneros (1942), con Comentarios reales (1964).
LA NARRATIVA HISPANOAMERICANA

LA NOVELA

EL REALISMO TRADICIONAL
Hasta 1940, la narrativa se mantiene dentro del realismo tradicional, muy costumbrista en ocasiones, pues reproduce el mundo rural con excesivo objetivismo.
En este contexto destacan el venezolano Rómulo Gallegos (1884-1969) y su obra Doña Bárbara (1929), y el argentino Ricardo Güiraldes (1886-1927), con Don Segundo Sombra (1926).
EL REALISMO RENOVADOR O “REALISMO MÁGICO”
Características:
• Se conservan las intenciones políticas y sociales a través de una denuncia crítica.
• El realismo se funde con elementos fantásticos: es el llamado «realismo mágico» o «lo real maravilloso», que mezcla realidad y fantasía.
• Se manifiesta una mayor preocupación formal en la construcción de las novelas y cuentos, y en la innovación de las técnicas narrativas.
• Se incorporan elementos irracionales y subjetivos.
Escritores más destacados:
Miguel Ángel Asturias (1899-1974): El señor Presidente (1946), Hombres de maíz (1949).
Alejo Carpentier (1904-1980): El reino de este mundo (1949), El siglo de las luces (1962). .
Juan Rulfo (1918-1986): destaca su novela corta Pedro Páramo (1955).
EL BOOM HISPANOAMERICANO Y LA NOVELA EXPERIMENTALISTA
Entre 1960 y 1980 puede hablarse de un florecimiento espectacular de la narrativa hispanoamericana. Entre sus caracteres se pueden señalar los siguientes:
• Mayor interés por el medio urbano.
• Prosigue el «realismo mágico», la mezcla de realidad y fantasía.
• Se intensifica la renovación técnica y la experimentación formal.
Los novelistas más representativos son:
Ernesto Sábato (1911): El túnel (1948) Sobre héroes y tumbas (1962).
Julio Cortázar (1914-1984): su obra Rayuela (1963) es una novela compleja, de capítulos intercambiables y varios niveles de lectura.
Juan Carlos Onetti (1909-1999), El astillero (1961) y Juntacadáveres (1964).
Carlos Fuentes (1928): La muerte de Artemio Cruz (1962) y Cambio de piel (1966).
Mario Vargas Llosa (1936), peruano, alterna la novela de técnicas renovadoras con las de carácter más tradicional. Entre las primeras, con una gran preocupación por la estructura novelesca, destacan La ciudad y los perros (1962) y La casa verde (1966). Entre las segundas, su obra maestra, Conversaciones en La catedral (1969), La tía Julia y el escribidor (1977), La guerra del fin del mundo(1981) y La fiesta del chivo (1999).
Gabriel García Márquez (1928), colombiano, premio Nobel en 1982, es conocido en el mundo por Cien años de soledad (1967), donde el «realismo mágico» llega a su madurez total. Otras novelas: El coronel no tiene quien le escriba (1958), Crónica de una muerte anunciada (1981) y El amor en los tiempos del cólera (1985).
ÚLTIMOS NOVELISTAS
La narrativa hispanoamericana posterior al espléndido boom se caracteriza por una elección de discursos narrativos más transparentes, bien para dar una visión de la realidad social y política, de la crisis económica o de las dictaduras, o para revisar el pasado y el presente históricos; bien para narrar historias más íntimas y personales o para dar otras perspectivas en las que, con frecuencia, no falta el humor.
La lista de narradores es numerosa. Podemos destacar a los chilenos Antonio Skármeta (1940); Isabel Allende (1942), novelista de enorme popularidad, y Roberto Bolaño (1953) o al peruano Alfredo Bryce Echenique.
EL CUENTO
El cuento ha sido cultivado con mucho acierto por los narradores hispanoamericanos. Debemos destacar entre ellos a:
Jorge Luis Borges (1899-1986), argentino, cuyas narraciones renuevan el tratamiento del cuento en lengua española en libros como Historia universal de la infamia (1935), Ficciones (1944) o El Aleph (1949).
Juan Rulfo (1918-1986) con los cuentos de El llano en llamas (1953)
Julio Cortázar (1914-1984), argentino, autor de una extensa obra en la que destacan todos sus cuentos y algunas novelas. Considerado, junto a Borges, como el gran renovador del género cuentístico, se inclina por el relato fantástico partiendo de anécdotas insólitas de la vida cotidiana en Final del juego (1956), Las armas secretas (1959) o Historias de Cronopios y de Famas (1962).